Thursday, October 26, 2006

identidad



Fotografía: Ruth Rdz/2006

Configuraciones



Fotografía: Ruth Rdz/Edición digital/2006

Say no more

Renunciar a la cocaína es un proceso complicado.
La coca es el símbolo más representativo del culto a lo posmoderno. El adicto que pretende alejarse se siente demodé. Empieza a andar por las vías de un tren imaginario.
Abaratarse
frente a la cocaína, significa también despedirse del crack,
del cristal,
incluso del alcohol.
La condición de bebedor se empobrece. El cuerpo
habituado a la intoxicación, entra en depresión. Y
al no reconocer la droga, se precipita hacia la embriaguez instantánea.
Hay que comenzar de nuevo.
Comer nieve, calditos y
tomar dos sedalmercks y una pepsi para lidiar con el dolor de cabeza que induce la malilla
y nada de cerveza o guachicoles, puesto
que al tercer trago el cold turkey te pone a temblar como pollo psicótico. Te descarrila.
Te descarrilas.
Pero
lo arriba reseñado es un tango. Uno mal tocado. Con todo respeto para el tango. Safarse de la droga es una nadería. Te aguantas los síntomas 15 días y chau. Desaparecen los malestares.
Stás clean. Aunque sea un asunto orgánico, no te molesta más.
Sin embargo,
la people recae. Reincide.
Reincide,
reincide,
reincide,
y
reincide.
Y
vuelve a reincidir.
Es como ver una película una
y otra vez.
Puedes renunciar a todo. A las tarjetas de crédito, a las llamadas de larga distancia. Al mundo. Pero
no puedes renunciar a tu yo.
Insisto,
Puedes star sin abducciones, sin arrojar objetos al público desde un escenario, incluso sin cocaína.
No sin ti.
Aunque algunas veces
te autoengañas.
Lo necesitas.
Y llega el día.
En que se vuelven a ver las caras.
La coca se refleja en tu rostro como el mapa del sol.
Y la patraña de que sin droga me siento mucho más fuerte se derrumba como dos edificios dorados.
Te metes.
Comprendes que ella no te quiere dejar.
También tiene sus vicios.
Tú funcionas.
Y te metes y te metes y te metes y te metes.
Y
puestísimo, visitas a tu madre, que stá moribunda de depresión en un hospital.
Con eso te garantizas que no stás eludiendo la situación.
La manejas.
Tu adicción y
la convalecencia de tu madre.
Dónde stá pues la evasión?

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Capítulo de la novela
LAS ENFERMERAS DE LA SOLEDAD
de Carlos Vzz
unatemporadaenelinfierno@yahoo.com.mx

este cuerpo



crudo, revuelto, loco, negado

fotografía: ruth rodríguez/2006

vertigo


fotografía: ruth rodríguez/2006